Reflexiones para tí.

Un endemoniado

“Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo”. Mateo 17:15, 16.

Cristo baja del monte de la transfiguración, donde había experimentado la gloria. Y se encuentra, al pie del monte, con un padre desesperado porque un demonio atormenta a su hijo: la situación de mayor degradación en la que un ser humano pueda caer.

La montaña rusa de la vida nos lleva desde los puntos más altos de espiritualidad a los abismos más profundos de la mundanalidad en instantes.

La situación, en el corazón de Cristo, debió de haber sido más difícil y triste porque, además del espectáculo profundamente doloroso de ver a una persona dominada por un espíritu del mal, tuvo que escuchar la confirmación –en boca del padre necesitado– de que sus discípulos estaban preocupados con otras cosas; porque fe –que era lo que necesitaban– no tenían.

La pregunta es: ¿habría cambiado algo la situación si hubieras estado allí? Tu presencia en un grupo, ¿modifica tan radicalmente la situación a favor de la fe, de lo espiritual? O, como los discípulos, no tienes poder.

El padre está desesperado. Natural, ¿no? El hijo está siendo dominado por un espíritu maligno, que lo tira en el fuego, intenta ahogarlo, y cuando lo lleva a los discípulos del gran Médico, estos no consiguen hacer nada.

Ese es uno de los grandes problemas que la gente no religiosa tiene con nosotros: no conseguimos hacer nada para solucionar sus verdaderos problemas. Nos ven felices y bien vestidos dentro de nuestros lindos, iluminados y cuidados templos, pero nuestra religión no sale a la calle ni entra en sus casas. Es verdad que hay muchas puertas que se mantienen cerradas; pero también es cierto que golpeamos muy pocas.

Los padres del siglo XXI siguen llegando con sus problemas hasta donde estamos; basta con solo salir del templo y los verás. En el mejor de los casos, reciben respuestas tan teóricas que demuestran poco compromiso, con ellos y con las enseñanzas de Jesús.

Pide a Cristo que cambie esta realidad en tu vida.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014
“365 Vidas”
Por: Milton Betancor






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